sábado, 9 de marzo de 2013

Ahora siempre estoy azul.


La primera vez que la vi soñé que nuestras manos se tocarían en el kilómetro cero de su boca, soñé que algún día, besaría cada centímetro de su espalda, y al terminar, pensaría que era lo más bonito que había visto en mi vida.

La primera vez que la vi olvidé cómo respirar, sentí como me robaba el aliento, y el corazón.

La primera vez que me dijo su nombre, grabé aquellas cinco letras para siempre en cada rincón de mi memoria.

La primera vez que me cogió la mano sentí electrizarse todos y cada uno de los pliegues de mi piel, podía escucharlos crujir al contacto con la suya.

La primera vez que me besó hizo desaparecer el mundo.

La última vez que la vi, aún tenía aquella sonrisa de la que aún no he hablado, aún estamos en deuda, aún no le he perdonado que se fuera.

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