Hoy me planteo algo. Cuando quieres a alguien, ¿qué es lo correcto? Quizá utilizar una palabra tan ambigua como "correcto" no es propiamente "correcto", desde luego. Con "correcto" pretendo explicar lo mejor, para todos o sólo para uno, para dos, lo más adecuado, lo ética o moralmente aceptado, quizá.
¿Qué es lo correcto, tratar de comprender incondicionalmente a la otra persona, o por el contrario, llegar al punto de definir una situación como "injusta"?
Se define la asertividad como la capacidad de comprender y ponerse en la piel de otro a la vez que se defienden los derechos propios desde la posición más comprensiva, lo correcto, quizá, sería esto.
Pero, sigo preguntándome lo mismo. Deberíamos entender o intentar entender a la otra persona cuando hace, dice o piensa cosas que no llegamos a comprender verdaderamente, deberíamos esforzarnos en mejorar. O quizá deberíamos hacernos valer a veces, que nos tengan en cuenta, que sepan de verdad la opinión, no tener miedo a decir la verdad.
¿Qué es lo correcto, no hacer preguntas, no expresar el enfado, el miedo, la angustia? No puedo creer que sea así, verdaderamente. No creo que pueda ser de esa forma.
Anoche comprendí, que hay amores que llegan y se quedan en tan sólo cinco minutos, en cinco minutos sabes que estás enamorado, que quieres quedarte en esos cinco minutos eternamente. Pero hay otra clase de amores, los de "para toda la vida", los que en cinco minutos sólo sabes que quieres otros cinco minutos más, y otros cinco, y otros cinco... Y en cada metafórico período de cinco minutos que bien podrían ser años, se conoce a la otra persona, se aprende a querer a esa persona -porque, no sé si lo sabes, nunca se quiere igual dos veces-, se aprende a compartir con esa persona.
"Lo habitual, lo normal, ser ciudad, tendré que reinventar, reinventar, mi ciudad"
Sentimos, es lo que nos diferencia unos de otros, la forma de sentir, ¿verdad? Uno no elige las cosas en las que cree, ellas te eligen a ti.
domingo, 25 de noviembre de 2012
viernes, 23 de noviembre de 2012
Rompernos la boca con tanta obediencia.
Me gusta todo lo que dices, cada palabra.
Me gusta incluso más -si es posible- todo lo que aún no has dicho, y que es muy posible que no llegues a decir nunca. Pero quién controla los pedales que das hacia mi muro de hormigón. Dime quién.
Tú sólo dime quién y yo hago el resto. Apareces con palabras y me dejas sin ellas. Sin aliento. Sin voz.
Sin fuerzas para decir no. Sin respiración suficiente para rebatir los argumentos que no has pronunciado. Sin argumentos para contarte que quiero ser la única con la que compartas manta, y tu vida. Sin argumentos para hacerte comprender que el tiempo puede alejarte y acercarte de o a mi lo suficiente o lo insoportable. Sin argumentos para hacerte ver que cuando soy fría, es porque me he deshecho por dentro. Sin palabras suficientes para explicarte que me muero por acercarme demasiado.
Me gusta incluso más -si es posible- todo lo que aún no has dicho, y que es muy posible que no llegues a decir nunca. Pero quién controla los pedales que das hacia mi muro de hormigón. Dime quién.
Tú sólo dime quién y yo hago el resto. Apareces con palabras y me dejas sin ellas. Sin aliento. Sin voz.
Sin fuerzas para decir no. Sin respiración suficiente para rebatir los argumentos que no has pronunciado. Sin argumentos para contarte que quiero ser la única con la que compartas manta, y tu vida. Sin argumentos para hacerte comprender que el tiempo puede alejarte y acercarte de o a mi lo suficiente o lo insoportable. Sin argumentos para hacerte ver que cuando soy fría, es porque me he deshecho por dentro. Sin palabras suficientes para explicarte que me muero por acercarme demasiado.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Dame un minuto.
Nos dimos cuenta de que la vida no era eso -por supuesto-, nunca lo había sido. Aún no teníamos claro en qué lugar del mundo debíamos perder la cabeza, lo único seguro era, que queríamos hacerlo. ¿Realmente lo que se quiere y lo que se necesita está tan contrapuesto como parece siempre? Quizá tan solo es una de nuestras tantas excusas, no queremos elegir -para variar-, y nada nos parece mejor que
conformamos con lo que tenemos, tratando de buscar en lo que tenemos, y en lo que queremos, lo que de verdad necesitamos. Y no siempre van de la mano, por suerte -o por desgracia-, no suelen estar tan cerca como a veces nos gustaría. Mi gran pregunta es, cuando se tiene lo que se quiere, ¿se cree que eso es lo que se necesita? ¿Las relaciones sociales e interpersonales son puro conformismo? ¿O a veces hay un nivel de exigencia hacia los demás y hacia uno mismo equilibrado?
¿Se puede tener, querer y necesitar lo mismo? O por el contrario,
¿siempre querremos, o necesitaremos tener precisamente eso que no está?
conformamos con lo que tenemos, tratando de buscar en lo que tenemos, y en lo que queremos, lo que de verdad necesitamos. Y no siempre van de la mano, por suerte -o por desgracia-, no suelen estar tan cerca como a veces nos gustaría. Mi gran pregunta es, cuando se tiene lo que se quiere, ¿se cree que eso es lo que se necesita? ¿Las relaciones sociales e interpersonales son puro conformismo? ¿O a veces hay un nivel de exigencia hacia los demás y hacia uno mismo equilibrado?
¿Se puede tener, querer y necesitar lo mismo? O por el contrario,
¿siempre querremos, o necesitaremos tener precisamente eso que no está?
domingo, 11 de noviembre de 2012
Pierdes.
Y cuando pienso que todo cambia, y que todo va a ser como en mis sueños, en los que más me gustan. El tiempo y tú, y tú y el tiempo me demostráis que no es así. Que sigo sin poder creer mis sueños, que mis sueños ya no creen en mi, o tal vez nunca lo han hecho. Tal vez ha sido algo recíproco, y nadie creyó en nadie en ningún momento.
Sólo una ilusa como yo podría pensar que funcionaría. O que no.
Las pautas son siempre las mismas, el guión y el índice también, y puede que yo también, y precisamente sea ese el problema. Que no cambio.
Que quiero. Y cuando quiero, quiero demasiado. Puedes decirme que nunca es demasiado.
Pues bien. Siempre es demasiado.
Demasiado poco. Demasiado, demasiado. Demasiado tiempo. Demasiado espacio.
Demasiado. Silencio.
Sólo una ilusa como yo podría pensar que funcionaría. O que no.
Las pautas son siempre las mismas, el guión y el índice también, y puede que yo también, y precisamente sea ese el problema. Que no cambio.
Que quiero. Y cuando quiero, quiero demasiado. Puedes decirme que nunca es demasiado.
Pues bien. Siempre es demasiado.
Demasiado poco. Demasiado, demasiado. Demasiado tiempo. Demasiado espacio.
Demasiado. Silencio.
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