miércoles, 14 de marzo de 2012

No siempre la última risa es la válida para recordar

A veces nos resulta más fácil comprender el por qué de todo lo que hacemos cuando pasa un tiempo, cuando ya la cabeza nos permite pensar en frío, cuando somos capaces de utilizar toda nuestra objetividad en ello. También a veces, o casi siempre, es más fácil enseñar la verdad a alguien, como quien vende un cuadro, que mostrársela a uno mismo; eso es demasiado duro, quizá. O quizá es que simplemente no nos conocemos a nosotros mismos tanto como pasamos toda la vida pensando. El resultado es que tanto tú como yo vamos a estar solos, sin una compañera o compañero mejor que nuestra propia sombra, sin nadie que vele las veinticuatro horas del día por ti o por mi. Yo soy mi problema, mi compañera y mi solución.

domingo, 11 de marzo de 2012

Si alguna vez me escribes, estaré

Ni la más profunda respiración, ni una concentración extrema, ni tan siquiera un entorno completamente adecuado hacen que alguien como tú o como yo comience a escribir. Porque escribir no es pensar en hacerlo, escribir es expresar exactamente eso que estás pensando ahora mismo, expresar lo que tu subconsciente ordena a tus manos escribiendo en un fino papel, o como yo, tecleando frente a la pantalla. Aunque he de reconocer, que escribo mentalmente, imagino mis palabras escritas en un papel, y me imagino a mi escribiéndolas, imagino como suena leído por mi voz todo lo que escribo. No es locura, ni afición, soy yo.

sábado, 10 de marzo de 2012

extremadamente duro

Las preguntas de rigor, tan clásicas como estridentes para mis oídos y los de muchos. "Lo siento", "pobre", "un clavo saca a otro clavo". Prometo y quiero prometer que si alguien vuelve a nombrar una de esas frases hacia mi persona, podría estallar en algo non grato para los demás. La compasión está muy bien para quienes no tienen sentimientos, pero para las personas que de verdad desean empatizar con su prógimo me parece algo pobre, algo demasiado impersonal y gélido.

Si tienes miedo, estás muerto

Si nos parásemos a pensar en las consecuencias de todos nuestros actos, no seríamos más que máquinas sin siquiera autopropulsión, pasaríamos a ser simples títeres, marionetas atadas con finos hilos invisibles de manos y pies. Esos hilos, tan invisibles como dolorosos, son la cantidad innumerable de miedos que puede contener el cuerpo de un ser humano, hay tantos como enseres reales y abstractos hay en el mundo. ¿Qué es el miedo sino una simple inseguridad? Un salto al vacío, un "dejar que te lleve la corriente", un "mejor solo que mal acompañado". Falso. Todo eso es falso, en cada momento de la vida de una persona hay un miedo diferente, y el problema real es si avanzamos superando ese miedo, o simplemente esquivándolo.