Hacía tanto tiempo que no tenía una sensación como esta. Que alguien me pregunte : ¿y no estás mal? Porque, claro, sería lo normal; y yo no sabía qué contestar. En realidad no sé cómo estoy, en realidad lo que más me preocupa es sobrevivir y no vivir, cosa que me juré hace mucho que no volvería a ocurrir.
No has conseguido destruir más que lo poco que dejé que te perteneciera. Espero que eso te haga feliz.
Sentimos, es lo que nos diferencia unos de otros, la forma de sentir, ¿verdad? Uno no elige las cosas en las que cree, ellas te eligen a ti.
lunes, 23 de abril de 2012
miércoles, 18 de abril de 2012
El tiempo sigue huyendo
Uno no siempre tiene la solución a todos los problemas, ojalá hubiera una "solución maestra" que abriera todas las puertas a nuestros fantasmas para que se largaran. Pero no la hay, así que levanta la cabeza, y sigue viviendo.
Aunque estos sean los últimos versos que le escribo.
Inconscientemente, el corazón busca algo, indefectiblemente, lo rechazo. Es una barrera, un profiláctico barato que de nada sirve, y que muy poco cuesta. Gracias por los recuerdos, porque ahora son sólo eso, recuerdos.
sábado, 14 de abril de 2012
Los pasos a partir de ahora, son hacia delante.
Cientos de terrazas de verano adornadas de parejas y un sin fin de sonrisas disfrazadas de nosotros. Un cartel de cerrado por vacaciones en la puerta de todas las oportunidades de siempre sólo que esta vez tampoco.
Un nuevo deseo de afinarme las mañanas en clave de ti, a fin de cantarte las cuarenta estrofas que sugieren el tacto exacto de uno sólo de tus gestos.
Recuerdos en blanco y negro que me sacan los colores, ante el ridículo vértigo de perder el equilibrio en la cuerda floja del extremo opuesto de tu cama. Extractos de felicidad por entregas.
Tipos de tipos y de vidas y un número (primo) de miradas que me hacen comprender
que llevo lo que me falta de vida durmiendo en el patio trasero de los sueños de otros. Y eso es duro, muy duro. Podría encontrar la silueta de mis dedos en tus pupilas
si consiguiese mirarte a los ojos desde cualquier otro punto de vista, o morderme la lengua hasta asumir cuánta sangre puede salir de mi boca antes de pedir ayuda.
Si lo intento, de verdad, puedo sobrevivir a este ruido de gente y pisadas y volver a un instante de resaca del que nunca debí alejarme demasiado.
Tal vez sólo sea cuestión de meterme las manos en los bolsillos y aceptar este puto proyecto de personaje intelectual que lee las páginas sepia de los periódicos cuatro domingos al mes, diez meses al año. Hacerme daño con acuse de recibo y reanudar viejos caminos con olor a sudor y cerveza.
Esperar la siguiente ronda con un vale descuento entre los dedos y un guiño al primer
camarero que consiga comprender la metáfora.
La desesperación juega un papel fundamental en la trama de la historia que siempre cuento y los deseos se piden de dos en dos en la barra del último bar que decide fiarme las copas.
Podría despertar mañana y prescindir de la palabra poesía para siempre, ser la alternativa de un alter ego con un ombligo demasiado grande y unos pies que rozan el suelo sólo de pasada y, sólo por esta vez, confesar que todo se reduce a una fachada
agrietada de intento de tía dura que ha vivido demasiados años en la estacada para saber que al borde del mundo los fracasos se ven menos pero duelen lo mismo.
Un nuevo deseo de afinarme las mañanas en clave de ti, a fin de cantarte las cuarenta estrofas que sugieren el tacto exacto de uno sólo de tus gestos.
Recuerdos en blanco y negro que me sacan los colores, ante el ridículo vértigo de perder el equilibrio en la cuerda floja del extremo opuesto de tu cama. Extractos de felicidad por entregas.
Tipos de tipos y de vidas y un número (primo) de miradas que me hacen comprender
que llevo lo que me falta de vida durmiendo en el patio trasero de los sueños de otros. Y eso es duro, muy duro. Podría encontrar la silueta de mis dedos en tus pupilas
si consiguiese mirarte a los ojos desde cualquier otro punto de vista, o morderme la lengua hasta asumir cuánta sangre puede salir de mi boca antes de pedir ayuda.
Si lo intento, de verdad, puedo sobrevivir a este ruido de gente y pisadas y volver a un instante de resaca del que nunca debí alejarme demasiado.
Tal vez sólo sea cuestión de meterme las manos en los bolsillos y aceptar este puto proyecto de personaje intelectual que lee las páginas sepia de los periódicos cuatro domingos al mes, diez meses al año. Hacerme daño con acuse de recibo y reanudar viejos caminos con olor a sudor y cerveza.
Esperar la siguiente ronda con un vale descuento entre los dedos y un guiño al primer
camarero que consiga comprender la metáfora.
La desesperación juega un papel fundamental en la trama de la historia que siempre cuento y los deseos se piden de dos en dos en la barra del último bar que decide fiarme las copas.
Podría despertar mañana y prescindir de la palabra poesía para siempre, ser la alternativa de un alter ego con un ombligo demasiado grande y unos pies que rozan el suelo sólo de pasada y, sólo por esta vez, confesar que todo se reduce a una fachada
agrietada de intento de tía dura que ha vivido demasiados años en la estacada para saber que al borde del mundo los fracasos se ven menos pero duelen lo mismo.
Los pasos a partir de ahora, hacia adelante.
Cientos de terrazas de verano adornadas de parejas y un sin fin de sonrisas disfrazadas de nosotros. Un cartel de cerrado por vacaciones en la puerta de todas las oportunidades de siempre sólo que esta vez tampoco.
Un nuevo deseo de afinarme las mañanas en clave de ti, a fin de cantarte las cuarenta estrofas que sugieren el tacto exacto de uno sólo de tus gestos.Recuerdos en blanco y negro que me sacan los colores, ante el ridículo vértigo de perder el equilibrio en la cuerda floja del extremo opuesto de tu cama. Extractos de felicidad por entregas.Tipos de tipos y de vidas y un número (primo) de miradas que me hacen comprenderque llevo lo que me falta de vida durmiendo en el patio trasero de los sueños de otros. Y eso es duro, muy duro. Podría encontrar la silueta de mis dedos en tus pupilassi consiguiese mirarte a los ojos desde cualquier otro punto de vista, o morderme la lengua hasta asumir cuánta sangre puede salir de mi boca antes de pedir ayuda.Si lo intento, de verdad, puedo sobrevivir a este ruido de gente y pisadas y volver a un instante de resaca del que nunca debí alejarme demasiado.Tal vez sólo sea cuestión de meterme las manos en los bolsillos y aceptar este puto proyecto de personaje intelectual que lee las páginas sepia de los periódicos cuatro domingos al mes, diez meses al año. Hacerme daño con acuse de recibo y reanudar viejos caminos con olor a sudor y cerveza.Esperar la siguiente ronda con un vale descuento entre los dedos y un guiño al primercamarero que consiga comprender la metáfora.La desesperación juega un papel fundamental en la trama de la historia que siempre cuento y los deseos se piden de dos en dos en la barra del último bar que decide fiarme las copas.Podría despertar mañana y prescindir de la palabra poesía para siempre, ser la alternativa de un alter ego con un ombligo demasiado grande y unos pies que rozan el suelo sólo de pasada y, sólo por esta vez, confesar que todo se reduce a una fachadaagrietada de intento de tía dura que ha vivido demasiados años en la estacada para saber que al borde del mundo los fracasos se ven menos pero duelen lo mismo.
Un nuevo deseo de afinarme las mañanas en clave de ti, a fin de cantarte las cuarenta estrofas que sugieren el tacto exacto de uno sólo de tus gestos.Recuerdos en blanco y negro que me sacan los colores, ante el ridículo vértigo de perder el equilibrio en la cuerda floja del extremo opuesto de tu cama. Extractos de felicidad por entregas.Tipos de tipos y de vidas y un número (primo) de miradas que me hacen comprenderque llevo lo que me falta de vida durmiendo en el patio trasero de los sueños de otros. Y eso es duro, muy duro. Podría encontrar la silueta de mis dedos en tus pupilassi consiguiese mirarte a los ojos desde cualquier otro punto de vista, o morderme la lengua hasta asumir cuánta sangre puede salir de mi boca antes de pedir ayuda.Si lo intento, de verdad, puedo sobrevivir a este ruido de gente y pisadas y volver a un instante de resaca del que nunca debí alejarme demasiado.Tal vez sólo sea cuestión de meterme las manos en los bolsillos y aceptar este puto proyecto de personaje intelectual que lee las páginas sepia de los periódicos cuatro domingos al mes, diez meses al año. Hacerme daño con acuse de recibo y reanudar viejos caminos con olor a sudor y cerveza.Esperar la siguiente ronda con un vale descuento entre los dedos y un guiño al primercamarero que consiga comprender la metáfora.La desesperación juega un papel fundamental en la trama de la historia que siempre cuento y los deseos se piden de dos en dos en la barra del último bar que decide fiarme las copas.Podría despertar mañana y prescindir de la palabra poesía para siempre, ser la alternativa de un alter ego con un ombligo demasiado grande y unos pies que rozan el suelo sólo de pasada y, sólo por esta vez, confesar que todo se reduce a una fachadaagrietada de intento de tía dura que ha vivido demasiados años en la estacada para saber que al borde del mundo los fracasos se ven menos pero duelen lo mismo.
So close, no matter how far
Creo que nunca había sentido este extraño bienestar. Nunca había sentido mi mente tan tranquila con mi corazón, tan acompasados, tan en sintonia, que parece que se hablan. Nunca me había conocido de esta forma, nunca me había querido tanto, nunca me había sentido tan sumamente ... Yo. Simplemente soy yo, después de mierda, y más mierda, después de días, y días perdida, no es que me haya re-encontrado, es que tengo una metamorfosis completa delante del espejo, y sé que la persona que soy y la que me gustaría ser, nunca han estado tan cerca. Me doy las gracias, por ser coherente, y no dejarme caer tan fácilmente.
Todavía escribo cuando duerme la ciudad.
"Yo quiero ser joven para siempre"
Pues qué queréis que os diga, la mayoría de las veces no comprendo eso, cómo vas a querer tener la edad del pavo siempre, o la dichosa pubertad, con esas hormonas disparadas a niveles macrobióticos. Y ese afán por enfadarte y llorar cada cinco minutos.
Ahora bien, con casi veinte años, puedo decir, que no he sido tan feliz en mi vida. Y la razón no es nadie más que yo misma, nunca me he sentido tan comprendida conmigo misma, tan sumamente serena. Ahora soy yo, la dueña de mi vida, de todas mis decisiones. No es que antes no lo fuera sino que ahora... Siento ese aire frío que te da en la cara y piensas "quiero estar aquí". Y yo ahora me he dado cuenta de que no quiero estar en ningún sitio en el que no me encuentre a mi misma, como acabo de encontrarme hace un momento.
Pues qué queréis que os diga, la mayoría de las veces no comprendo eso, cómo vas a querer tener la edad del pavo siempre, o la dichosa pubertad, con esas hormonas disparadas a niveles macrobióticos. Y ese afán por enfadarte y llorar cada cinco minutos.
Ahora bien, con casi veinte años, puedo decir, que no he sido tan feliz en mi vida. Y la razón no es nadie más que yo misma, nunca me he sentido tan comprendida conmigo misma, tan sumamente serena. Ahora soy yo, la dueña de mi vida, de todas mis decisiones. No es que antes no lo fuera sino que ahora... Siento ese aire frío que te da en la cara y piensas "quiero estar aquí". Y yo ahora me he dado cuenta de que no quiero estar en ningún sitio en el que no me encuentre a mi misma, como acabo de encontrarme hace un momento.
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