martes, 29 de mayo de 2012

¿Qué es una luz así, en un pasillo tan grande?

Parece inaceptable, pero últimamente las baterías están bajo mínimos, las baterías de las sonrisas, claro. La batería del miedo, de la soledad, de la tristeza y el desconcierto nunca han estado tan llenas. Nunca había visto un alma tan encogida, unos dedos tan desgastados, tan ralentizados por el tiempo que ha pasado y que aún no sé cómo. "Perdón por las promesas". Todas las relaciones y los sentimientos deberían venir con una etiqueta así, ¿verdad? O quizá no. Quizá por muy evidente que sea, seguimos prometiendo, quizá por mucho que puedan cambiar las circunstancias necesitamos un pequeño empujón para esa ilusión. Quizá nunca he sabido desilusionarme, quizá aún no sé si el corazón es mío o vivo de prestado.

martes, 8 de mayo de 2012

Show-life

Conoces hasta el último escondite de esta ciudad, y aún no te ha dado por perderme entre recuerdos. Es un ritual absurdo, que yo mire, y tú sientas que no puedo dar ni un paso adelante. Ya estoy muy cansada de que sigas entorpeciendo mis pasos. Porque sólo son pequeños pasos para ti, pero me estás jodiendo la vida, date cuenta.

domingo, 6 de mayo de 2012

Importante, tanto tú, como tú.

No es que no quiera verte, es que quizá, nos hemos visto demasiado. Tratando sobre millones de temas banales a diario. Lidiando con centenares de personas con sus respectivos pensamientos. Mirando a ojos vacíos, sintiendo a labios cerrados.

Para que me recuerdes siempre, con la piel resuelta.

Pintaba hasta el último detalle del que, por aquel entonces, era el cuadro de mi vida, Sara y yo acabábamos de mudarnos a aquel horrible inmueble que su padre había decidido acertado para con nuestra situación económica. Mi sustento era aquella libreta que guardaba desde que era niño. Aún no he conseguido recordar cómo ni porqué llegó a mis manos, tan sólo puedo recordar que desde el primer instante que la tuve entre mis manos, éstas adivinaban el tacto del papel sin haberlo tocado. Tardé años en escribir aquella primera línea que llevaría a muchas más. Esa fue la noche en que conocí a Elisa... Elisa. Hacía mucho tiempo que no pensaba en las cinco letras de su nombre, las habría descifrado tal como hice con cada centímetro de su piel. Nunca podré explicar todo lo que me enseñó. Todas las bajezas a las que llegué por ella, todo lo que fui capaz de dar, sin esperar nada a cambio; aunque ciertamente, cuando no esperas nada a cambio, ya estás esperando algo: nada.
Yo esperé esa nada durante años, ansiaba la nada, la anhelaba, y ella estaba impasible, con su abrigo rojo, sus labios secos, sus ojos fríos. Ella me miraba, y se congelaba el último rincón del desierto. Y ahora, ni el mismísimo oasis podría salvarme de esta casa en ruinas, y de mis cenizas, que ya no saben por dónde esparcirse más. Alma errante, tristeza infinita, infinito esplendor de días grises y noches oscuras.

Efímeramente inmóviles.

Desentona hasta la última gota de color de esta habitación. Me sobra espacio para ahogarme. Me falta espacio para respirar. Encontrar un sitio, un lugar, un momento, una persona. Para qué quieres encontrar instantes pasajeros, para qué encontrar alguien que olvidarás, que te olvidará, que el tiempo pasará indefectiblemente borrando hasta la última huella que te esforzaste tanto por grabar, para que perdurase. Que ni tú ni yo podemos cortar las cuerdas de los recuerdos que tratan de asfixiarnos cada dos por tres. Ni tú ni yo sabemos ser felices. Ni tú ni yo conocemos la felicidad. Ni tú. Ni yo.

sábado, 5 de mayo de 2012

Disfrázata de sonrisas.

¿De verdad caemos en ese típico tópico absurdo de que la felicidad es la meta? ¿O más bien en el que dice que la felicidad es el camino, la forma de vida? Todo eso es absurdo, la felicidad es un mero conformismo, es llegar a un punto de la vida en el que te sientes realizado, contigo mismo, con tu alrededor, o si tienes un poco de suerte, con ambos. Y no puedes dar gracias a nadie más que a quien haya tomado las decisiones correctas o erróneas, espero que al menos hayas sido tú; no estaría bien culpar a nadie más.

Hoy rechazo la bajeza, el abandono y la pena.

Ese punto de coexistencia entre el miedo, y el rencor. Entre el ápice de felicidad en mis labios, y la extraña lágrima que se me escapa de vez en cuando. Quizá no sepa dónde se encuentran ahora mis sentimientos, o quizá estén tan a flor de piel que pueda mirarlos detenidamente. Ha sido un ritual extraño, ¿verdad? Des-acostumbrarse.