Pero ya no tengo ganas de sufrir más. Ya no. No.
Te preguntarás si lo de sufrir va por ganas, y si de verdad es evitable. Pues bien, sí. Lo es, es tan evitable como cualquier otro obstáculo que puedas encontrarte en los rincones que esconde la vida. Sentir dolor es inevitable, imperceptible, indestructible, me temo. Pero sufrir por ese dolor es una de tantas opciones, una de tantas decisiones. Y yo he elegido que no.
He dicho que no. Y no, esta vez, es no. Hay millones de razones por las que ese "no" es "no" y no un "sí". Pero no creo que sea necesario recordártelas todas ahora, tampoco quiero, ciertamente.
Es que una empieza a estar cansada hasta de sí misma, una empieza a cansarse de todo, hasta del aire. Incluso de ti.
Por eso, he decidido que no voy a sufrir más, y si quieres, te lo explico.
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