domingo, 2 de diciembre de 2012

¿Tenemos razón?

¿Y qué más da si ya no sabemos medir las palabras?

Eso. Qué más da. Hace mucho tiempo que la prisa ha sustituido a la paciencia, que la paciencia ya no se ve, ya apenas existe. Que se ha vuelto mucho más fácil gritar, exigir y juzgar, que respetar, comprender y escuchar. No sé si podréis entender algo de lo que digo, o estáis también en el otro lado. En el lado en el que no se comprende, ni se entiende, que al final somos personas, nada más. No hay nadie mejor que nadie, no hay nadie peor que nadie. No sé si podréis comprenderlo. No sé si lo sentiréis igual que yo. No sé si a vosotros también se os encoge el corazón cada vez que presenciáis una injusticia. No sé, si os ocurre lo mismo que a mi, y el verbo merecer cada vez os merece menos aprecio -dicho sea-, porque para mi no tiene ningún valor, es más, creo que si no existiera muchos de nosotros seríamos más felices.


El caso es, que ahora nadie lucha por nada, no, porque se "merecen" más. ¿Por qué? Yo también me lo pregunto. Qué hace que ellos se merezcan más que el otro lado de la disputa. ¿Es que acaso, alguien ha nacido con un valor predeterminado? ¿Hay alguien en este mundo que se merezca conseguir todo aquello que le haga feliz y otros no? ¿Nos hemos vuelto locos? Quizá los millones de personas que viven en la más absoluta miseria no se merecen unas mejores condiciones de vida. ¿Creéis que ellos no piensan que lo merecen? Claro. Claro que se lo merecen. Más que nosotros. Que teniendo todo, estamos desaprendiendo a valorar nada. Nada, ¿lo sabéis? Lo más triste es saberlo, quizá. Lo más triste es saber que lo sabes, y ver toda la gente que también lo sabe y está completamente pasiva ante lo que le rodea.

Así que ya sabéis, os "merecéis ser felices", pero, de la misma forma que los otros quinientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve millones de personas que hay en el mundo, exactamente de la misma forma.

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