martes, 25 de diciembre de 2012

Jóvenes amando. Jóvenes suicidas.

Podían contarse las horas que habíamos pasado juntas, y me dolían las manos por todas las caricias que no iba a poder darte, me quemaba el corazón por no poder quererte, aquí, ahora, indefinidamente, suspendida en el tiempo. Me dolía cada yema de mis dedos porque no iba a tocar tu piel, me dolían los ojos, porque no iba a poder mirarte, y me dolían los labios, porque debía guardarme todos esos besos que no podía prestarte. Prestarte, sí. Porque tengo la intención de que me los devuelvas, una y otra vez, indefinidamente.

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