sábado, 14 de abril de 2012

Los pasos a partir de ahora, son hacia delante.

Cientos de terrazas de verano adornadas de parejas y un sin fin de sonrisas disfrazadas de nosotros. Un cartel de cerrado por vacaciones en la puerta de todas las oportunidades de siempre sólo que esta vez tampoco.
Un nuevo deseo de afinarme las mañanas en clave de ti, a fin de cantarte las cuarenta estrofas que sugieren el tacto exacto de uno sólo de tus gestos. 
Recuerdos en blanco y negro que me sacan los colores, ante el ridículo vértigo de perder el equilibrio en la cuerda floja del extremo opuesto de tu cama. Extractos de felicidad por entregas. 
Tipos de tipos y de vidas y un número (primo) de miradas que me hacen comprender 
que llevo lo que me falta de vida durmiendo en el patio trasero de los sueños de otros. Y eso es duro, muy duro. Podría encontrar la silueta de mis dedos en tus pupilas
si consiguiese mirarte a los ojos desde cualquier otro punto de vista, o morderme la lengua hasta asumir cuánta sangre puede salir de mi boca antes de pedir ayuda.
Si lo intento, de verdad, puedo sobrevivir a este ruido de gente y pisadas y volver a un instante de resaca del que nunca debí alejarme demasiado.
Tal vez sólo sea cuestión de meterme las manos en los bolsillos y aceptar este puto proyecto de personaje intelectual que lee las páginas sepia de los periódicos cuatro domingos al mes, diez meses al año. Hacerme daño con acuse de recibo y reanudar viejos caminos con olor a sudor y cerveza.
Esperar la siguiente ronda con un vale descuento entre los dedos y un guiño al primer
camarero que consiga comprender la metáfora.
La desesperación juega un papel fundamental en la trama de la historia que siempre cuento y los deseos se piden de dos en dos en la barra del último bar que decide fiarme las copas.
Podría despertar mañana y prescindir de la palabra poesía para siempre, ser la alternativa de un alter ego con un ombligo demasiado grande y unos pies que rozan el suelo sólo de pasada y, sólo por esta vez, confesar que todo se reduce a una fachada
agrietada de intento de tía dura que ha vivido demasiados años en la estacada para saber que al borde del mundo los fracasos se ven menos pero duelen lo mismo.

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